El anverso de la moneda representa La Santísima Trinidad, navío construido por D. Mateo Mullán, de 2163 toneladas, 213,8 pies de eslora y 58 de manga. En la obra se emplearon las mejores maderas de los bosques insulares: la caoba, el júcaro, el caguairán... síntoma del renacimiento de La Habana de los días angustiosos del sitio de 1762.